viernes, 11 de septiembre de 2009

52. La vida sencilla

Siempre he creído que la vida es sencilla, espontanea y clara, que las cosas siempre fluyen naturalmente, sin prisas, sin acechanzas, sin complicaciones. La vida es así y así debemos dejarla transcurrir ¿Para qué detenerla?

Si, la vida es llana, es simple, es fácil de adivinar lo que sucederá mañana: el sol saldrá, las olas llegarán a la playa, por la tarde quizá lloverá, en la noche la luna regalará su brillo; las personas seguirán haciendo su vida, algunos serán felices y otros no, algunos se amarán y otros se olvidarán, habrá encuentros y también despedidas. Así es la vida, así de sencilla.

En la vida limpia y abierta las cosas son justamente lo que aparentan ser, las palabras significan exactamente lo que representan, no hay vueltas ni dobleces, no hay otras intenciones ni diversos matices; sí, significa sí; no, significa no; tal vez, significa tal vez. Una sonrisa es siempre una sonrisa y una flor es solamente una flor.

En el mundo de las cosas sencillas las personas pueden ser felices o pueden no serlo, no hay términos medios, no hay complicaciones, no existen sentimientos extraños ni emociones que enmarañen el pensamiento y enturbien el corazón. No, no existe nada de eso.

En la vida franca y natural los hombres y las mujeres se encuentran y se reconocen, no hacen estrategias, no planean las palabras, no calculan las intenciones; simplemente se muestran nítidos, sonríen sin miedo, dibujan el alma sin rubores y permiten que la vida emerja de aquí, de allá y todos lados.

Yo anhelo esa sencillez, yo busco esa claridad, yo deseo esa naturalidad que envuelve a las cosas de la vida cotidiana. Sí, esa es la vida sencilla y llana que yo deseo.

1 comentario:

  1. Yo no creo que la vida sea sencilla. Pero puede que si, o puede que no, pero lo más seguro es que quien sabe.

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