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jueves, 13 de mayo de 2010

101. Harto del sexo

De plano que sí. A llegado un momento en mi vida en que las relaciones sexuales no tiene ningún interés para mí ni aportan valor alguno a mi persistente existencia. Creo que es tiempo de subir a un nivel superior en la escala de vida.

Y es que en materia de relaciones sexuales todo conduce a lo mismo, son los mismos comportamientos, las mismas intensiones, los mismos procedimientos, las mismas palabras, las mismas variantes de las mismas cosas y por lo general, son los mismos resultados ¿Y después qué? Después es lo mismo.

Yo creo que eso no tiene sentido; porque si no hay nada que conduzca más allá de lo puramente corporal, si no existe ningún vínculo que trascienda hacia las emociones y hacía la modificación espiritual de la vida misma, entonces considero que no tiene ningún caso involucrarse en ese tipo de evoluciones.

Y es que me siento extenuado de ser conceptualizado como un simple y desechable objeto de lascivia y obscenidad. Quiero que las damas que habitan este planeta comprendan que también en mí subsisten un conjunto de sentimientos que conducen a la eternidad y la bonanza.

Por ello, anuncio a la población femenina que si no existe alguna que pueda ofrecerme algo más que un breve territorio anatómico y la placidez de los instintos, entonces renunciaré de manera definitiva, categórica y contundente a mi participación en cualquier tipo actividades que involucre el concurso directo o indirecto, total o parcial, general o particular de determinada región de mi deseada geografía corporal.

¿A qué me dedicaré entonces? A la meditación profunda, a la reflexión absoluta, a la búsqueda constante de la armonía cósmica, al equilibrio energético entre mi esencia sobrenatural y mi ser corporal; a la proyección de los pensamientos superiores que me conduzcan al nirvana y a la contemplación de los signos que reflejan realidades mayores. Sí, eso haré, me convertiré en un gurú del misticismo y de la vida cotidiana.

Considero que las actividades antes descritas, si bien son trascendentales en sí mismas, no conducen a nada que sea excesivamente divertido; por lo cual solicito encarecidamente a alguna fémina de corazón noble y generoso, me rescate de esta cruel realidad que me atrapa y agobia; de lo contrario, mi destino estará sellado para siempre...

lunes, 26 de abril de 2010

96. Las mujeres


Yo no entiendo a las mujeres. En realidad, hace mucho tiempo que dejé de intentar entenderlas. Simplemente no hay forma, no existe la mejor manera de poder acceder a los laberintos y recovecos que se esconden tras las enmarañadas conexiones emocionales de los cerebros femeninos.

He conocido a muchas mujeres, algunas son bonitas, otras divertidas, las hay sensibles, inteligentes, sentimentales, románticas, amigables, solidarias y hasta cómicas. Pero no he conocida una que sea sencilla, fácil de entender, sin tantas vueltas, sin complicaciones. No, no hay de esas.

Estoy absolutamente convencido de que Dios se esmeró en el diseño de las mujeres. Casi puedo imaginarlo en su enorme mesa de trabajo; seguramente consumió mucho café, hizo infinidad de bocetos, desecho algunas de las ideas originales. Solicitó algunas opiniones a sus colaboradores y, en sus momentos de descanso, hizo bromas acerca del trabajo (recuerden que Dios es hombre).

Finalmente tuvo la concepción exacta de la mujer. Ahora había que trabajar en los detalles, me refiero exactamente a la parte externa. Ya saben: ponle menos allá; suaviza las líneas, un poco más redondo por aquí, el color más suave en esta parte; más por ahí… un poco más por ahí… más… más… ahora sí. … eso es. Listo.

La verdad le quedó bien la idea. Me gusta, digamos que me gusta mucho. Hasta aquí no tengo quejas, todo está excelente, todo tiene sentido, tamaño, forma, finalidad y utilidad. No hay motivo alguno de disgusto o reclamo. Yo creo que la causa de todo el problema es cuando le tocó hacer el cerebro.

Intuyo que no hubo mala intención por parte de Dios. No había nada en contra nuestra, Él no quería fastidiarnos la vida a los hombres ni hacernos maldad. No, nada de eso. Lo que supongo que sucedió es que al momento de finalizar el cerebro femenino, de dar el toque definitivo, algo pasó, alguien lo distrajo y ¡zas! En esa distracción estuvo el problema.

Y con esto quiero decir que la falla no es fisiológica; no, no es por ahí el problema. Todo es a nivel de las conexiones que se dan al interior de sus enigmáticos e impenetrables cerebros, del manejo emocional, de las rutas que eligen sus neuronas para establecer sinapsis y como estos enlaces se vinculan a sus diferentes niveles de recuerdos, sentimientos, necesidades, impulsos, deseos y motivaciones.

Seguramente Él se dio cuenta de la falla, era muy evidente. Pero ya no quiso rehacer el trabajo. Tal vez estaba cansado, quizá pensó que sería divertido ver cómo los hombres íbamos lidiar con todo ese equipaje emotivo. Tal vez determinó que soportar a las mujeres sería el mejor camino para que los hombres pudiéramos acceder a la santidad.

No lo sé. No lo entiendo. El caso es que es a esa pequeña falla a la que le achaco la razón de la forma de ser, comportarse, sentir y pensar de las mujeres. Por eso es que son tan complicadas, raras e imposibles de entender.

Por eso dicen no cuando quieren decir si, se esconden cuando quieren que las encuentren, soportan malas maneras y a auténticos patanes aduciendo que están enamoradas y hacen las cosas más extrañas e inexplicables por las razones más disparatadas que alguien se pueda imaginar.

Ni modos, no me queda de otra, no hay ninguna opción viable. Las mujeres o nada. Aunque no las entienda.

domingo, 10 de enero de 2010

75. Paseo de Reyes con erizos africanos


La tradición de los Reyes Magos es una de las costumbres que más me gustan y emocionan de toda la cartelera folklórica mexicana. Aunque, a decir verdad, no es una costumbre netamente mexicana, es adoptada, pero no importa, ya forma parte nuestra.


Yo creo que todos disfrutamos con particular alegría del hecho de despertar y encontrar junto a la cama o debajo de la hamaca juguetes, dulces o ropa, o de plano todo lo anterior; Ya sea que seamos niños o papás el gusto es similar.

En mi familia la costumbre no se pierde con los años, tengas la edad que tengas y de alguna forma u otra, los Reyes magos se las ingenian para dejar algo que mantendrá viva la ilusión y la eterna recomendación: pórtate bien para que los Reyes te traigan juguetes.


La calle 53 de mi ciudad, es el lugar donde los Reyes Magos realizan sus compras, sean las de última hora o las definitivas, y como cada año estuvo repleta de puestos donde se podían encontrar muñecas, soldados, pelotas, juguetes de cuerda, de acción y muchas novedades más.

Dos cosas llamaron mi atención particularmente, bueno tres. Si, fueron tres. Empecemos por la primera.

El puesto de ropa para perros de mis primos Cristian y Karime, había cualquier cantidad de ropa para vestir a los canes: futbolista, hombre araña, novia, rapero y turista entre otros. Había colores diversos y en las tallas que iban de la 3 a la 7. Camisas tipo polo, minifaldas, bañadores, tirantes, flecos y lentejuelas.


La respuesta de la gente fue muy buena, yo estuve parado en el puesto unos minutos observando el comportamiento de las personas y todos se entusiasmaban mucho por comprar ropa para Tixie, Capitán, Chuchis y El pecas. Los precios iban de 60 a 100 pesos, tal vez había más caros o más baratos, no pregunté.

Más adelante me detuve en los puestos de venta de mascotas: hamsters, ratones árabes, iguanas, culebras, tortugas, aves, hurones, entre otros. Aquí la estrella que lleno las carteleras fue, a mi juicio, el erizo africano.


A mí no me gustan los animales, no los agarro, ni siquiera los toco, pero el erizo africano me atrapó. Lo que pasa es que no parece real, es como un muñequito de peluche, causa gracia verlo caminar y mover su nariz. No me lo puedo imaginar en su estado salvaje, luchando por sobrevivir, alimentándose de insectos y escapando a sus depredadores.

Según los vendedores, el erizo africano es una mascota ideal, su tamaño adulto está entre los 10 y 15 centímetros de largo y su peso entre los 300 y 500 gramos, se alimenta de croquetas de gato o comida seca para perros.


Me animé a tocarlo, más bien a rozar sus púas, se siente como si tocaras muchos palillos de dientes juntos, solo si se asusta se hará bolita y erizará sus púas, pero el trato humano constante hace que se acostumbre y permita que lo carguen y acaricien sin dañar a nadie. Su precio es de 2 mil pesos el macho y 2 500 la hembra. Se quitan las ganas de tener uno.


Lo último que llamó mi atención fue el stand que los grupos parroquiales de Catedral instalaron para el donativo de juguetes a niños de escasos recursos económicos. Aquí lo que más me impresionó fue la falta de donativos. Parece que a las personas se les dificulta desprenderse de algunos pesos para beneficiar a algún niño.

Yo compré para donar 5 pelotas, no es mucho, pero es algo. Cada pelota me costó 10 pesos, en total gasté 50 pesos. Es una cantidad mínima, ridícula si así lo piensan, pero que alegrará a 5 niños, además con cada pelota pueden jugar un partidito de fútbol hasta 22 chavitos.


50 pesos es menos de lo que cuesta una canastilla de cervezas, no sé cuánto costará una cajetilla de cigarros, pero probablemente con 50 pesos se puedan comprar dos. Una botella de cualquier licor cuesta más que lo que me costaron las 5 pelotas.

Por el precio de una ropa para perros se podían comprar entre 6 y 10 pelotas, adquirir un erizo africano equivale a comprar 200 pelotas. Entonces, porqué preferir gastar el dinero en cosas superfluas y no en beneficiar a un niño el día de los Reyes Magos.

Esto es un misterio de la vida cotidiana, son las partes obscuras de la naturaleza humana. Alguien podrá decir, es que así somos. Es verdad, somos así. Pero, ¿Por qué no podemos ser de otra forma? ¿Por qué no podemos ser más desprendidos, más humanos, más caritativos, más nobles y generosos? Yo creo que si podemos cambiar y sensibilizarnos un poco, sobre todo en esas fechas.

Hasta aquí mis reflexiones, espero para el próximo año, ver nuevamente a los erizos africanos y espero ver llena la caja de donaciones de juguetes para niños pobres. Estoy seguro de que así será.

sábado, 9 de enero de 2010

74. Se acabó la navidad


Tanto esperarla, tanto prepararla y ya se terminó. Lo realmente cierto es que apenas empiezas a disfrutar de la navidad, a avivar el espíritu y dejar florecer los sentimientos que la época nos prodiga, cuando de pronto ya tienes que ir a otra cosa porque la navidad se terminó.


Es verdad, los adornos navideños hacen su aparición a mediados de octubre en los centros comerciales, los anuncios publicitarios en televisión aguardan apenas un poco más de tiempo. Respecto a las casas, esas se adornan en los primeros días de diciembre.

Hay quienes piensan que la navidad es eso, adornos. Otros están seguros de que la navidad es mucho más que simples arbolitos, esferas, focos y coronas navideñas, pero aseguran que son precisamente esos ornamentos los que empiezan a despertar el espíritu de la navidad.

No es mi caso, la última vez que puse un arbolito de navidad fue hace como 5 años, este año solamente puse una guía de foquitos en la ventana de la sala, salvo eso, nada. Pero realmente no necesito de esos adornos para sentir la navidad.

Para mí la navidad tiene otras formas de manifestarse, otros caminos para llegar, surge de hechos fortuitos, de alguna plática, encuentro o simplemente de nada en particular. El problema es que puedo encontrar el espíritu a mitad de diciembre, unos días antes de la navidad, días después o en el peor de los casos, no encontrarlo durante ese año.

De cualquier forma siempre estoy a la espera de la navidad y a la espera de que su espíritu me atrape. En todos los casos, cuando más listo estoy, la navidad acaba, se va, se diluye. No queda otra cosa más que extrañarla y empezar a preparar el resto del año.

En casa todavía quedan los restos de la última navidad, los foquitos aún están colgados en la ventana, sobre un sillón de la sala hay una canasta navideña que recibí de regalo, una latita de dulces está sobre un mueble, en la computadora algunas fotos de la fiesta del 24 y nada más.

La navidad debería durar más tiempo, tal vez tendríamos que hacer y vivir una navidad permanente, quizás deberíamos conservar la navidad en el corazón y compartir sus pedacitos con todos durante todos los días del año. Tal vez sea posible hacer eso. Tal vez.

domingo, 23 de agosto de 2009

47. Escribir siempre.

La verdad es que yo pensé que ya había transcurrido mucho tiempo más. Pero no es así, fueron sólo 7 días con sus respectivas noches. 7 días durante los cuales no he escrito nada. Eso debilita a mis blogs y por supuesto que rompe mis propósitos literarios. Lo peor del caso es que no tengo excusa alguna. Nada. Ni una sola.

Me queda perfectamente claro que ser el dueño de dos blogs representa un compromiso permanente y constante con la tarea de mantenerlos actualizados. Y la única manera de sostener un blog vigente y en el gusto de sus lectores es escribiendo. Escribiendo diario, escribiendo en serio. Escribiendo cosas nuevas, explorando rincones literarios y descubriendo formas nuevas de expresar y plasmar el universo interior.

Yo siempre he sostenido que escribir no es una tarea fácil (lo parece cuando lees a García Márquez o a Benedetti). Escribir requiere de cierta dosis de talento pero sobre todo de una gran cantidad de insistencia. Alguien aseguraba que el éxito se logra con 10% de inspiración y 90% de transpiración, de eso se trata todo. No podemos aprender a escribir si no escribimos por ello la tarea debe ser continua, porfiada, variada y sin demoras.

Es cierto, hay por ahí algo de teoría: reglas de sintaxis y ortografía, huir de falacias, redundancias, pleonasmos y barbarismos, evitar repeticiones innecesarias y formas que oscurezcan nuestros textos. Si bien es preciso conocer y dominar esa teoría, a la hora de escribir eres tú, tu imaginación y el teclado de tu computadora. Entonces hay que penetrar en tu mente y extraer de ella una realidad que tomará forma en la mente de los lectores y que debe crear y recrear en ellos, conceptos, imágenes e ideas.

Escribir requiere que nos acerquemos a la claridad y sencillez del lenguaje oral pero con las restricciones impuestas por el lenguaje escrito. Eso lo complica todo, es cierto, pero al mismo tiempo es lo que nutre de belleza a la literatura, es lo que proyecta y da sentido al arte de escribir.

Respecto de lo temas, yo creo que eso no es problema, cualquier cosa es un tema. Una de mis primeras tareas de redacción en la escuela de Periodismo consistió en narrar el proceso de comerse una manzana. A partir de ahí, cualquier cosa puede ser un tema de interés general, desde ver caminar a una hormiga, la pared de la casa de enfrente y los ruidos extraños de la panza hasta contar la aventura de conquistar la cima de una montaña.

Es verdad, cualquier cosa puede ser un tema, todo se centra en la manera de escribirlo. La mayor aventura de un ser humano puede pasar desapercibida si la escribimos en forma aburrida o tan obscura que nadie la entienda. La forma de abrir un cacahuate puede ser algo divertido, ameno y educativo dependiendo de nuestra particular manera de relatarlo.

Hay una verdad absoluta, hay que leer mucho. Leer principalmente a los autores que escriben en español y que todavía están vivos (o que dejaron de escribir hace muy poco tiempo) ellos le están dando forma continua al idioma, están creando corrientes literarias y pueden conducirnos y guiarnos hacia nuevos espacios creativos.

Por ello al leer debemos poner particular atención al estilo del autor, darnos cuenta de la forma en cómo ellos van construyendo sus oraciones y sus párrafos y la manera de abordar los temas y sucesos narrados. Esto nos permitirá adoptar una postura crítica y en la medida que encontremos oraciones confusas, reconstruirlas.

Escribir es la tarea, escribir muchos, escribir siempre. No podemos esperar a la inspiración (esa dama es caprichosa y a menudo suele dejarnos plantados) hay que forzar la mente y los dedos. Escribir es una tarea artesanal, sólo se logra hacerlo bien si practicamos mucho, si insistimos.

Por todo ello, renuevo mi compromiso de escribir y mantener actualizado mis blogs pero sobre todo, de permanecer en la búsqueda de escribir cada vez mejor, de encontrar las formas y los caminos que me permitan relatar de mejor forma las cosas que a veces se atraviesan por mi mente, sé que solo lo conseguiré escribiendo, escribiendo mucho, escribiendo siempre.

domingo, 16 de agosto de 2009

46. Pórtate bien

“Pórtate bien, que nada te cuesta” reza el dicho surgido de la sabiduría popular, estoy seguro de que la mayoría de las personas tratamos de seguir esa manda, sin embargo existen momentos en que resulta muy complicado y difícil acatar el consejo y terminamos sucumbiendo en las tentaciones que la vida ofrece. Eso me parece mal.

La principal preocupación de cualquier padre de cualquier generación, consiste en lograr que sus hijos se porten bien, insistimos mucho en eso, lo mismo si los hijos van a la escuela, al cine, de paseo, a la casa de los abuelos o a la discoteca. Un hijo que se porta bien y se conduce de manera educada y obediente es bienvenido en cualquier parte y sus padres son motivo de elogios por ser tan eficaces educadores y formadores de ciudadanos.

En atención a las enseñanzas y preocupaciones de paternales, muchos hemos crecido y vivido con la consigna de portarnos bien siempre, incluso nos esforzamos auténtica y conscientemente por lograrlo, estamos atentos a las viables tentaciones e intentamos alejamos de las provocaciones y de los sucesos cotidianos que podrían hacernos sucumbir.

El problema es que no todos tratan de portarse bien, existen (y conviven entre nosotros) muchas personas cuyo principal objetivo y meta fundamental en su vida es hacer que otras personas se porten mal, a veces muy mal, requetemal diría yo. Lo peor es que ellos logran sus fines en la mayoría de los casos.

¿Cómo es que consiguen sus perversos propósitos? No me quedan claros sus procedimientos. Entiendo que se valen de nuestras flacas voluntades, se apoyan en el raquitismo de las intenciones y en la debilidad corporal. Entonces nos acechan, examinan, analizan, realizan sus aciagos cálculos, extienden sus cautivantes redes y cuando menos lo esperamos: ¡Zaz, nos atrapan! ¡Qué mala pata! Ni modos.

¿Por qué son así? ¿No se dan cuenta de que todo lo complican? Uno va por la vida caminando tranquilamente, pensando en cosas fundamentales para la existencia y para la humanidad, buscando soluciones para los problemas que han atormentado a los hombres desde el principio de los tiempos; de pronto … de alguna parte insospechada … de alguna región obscura y tenebrosa del planeta … aparece alguien, pasa algo, surgen circunstancias y situaciones, el entendimiento se nubla y todo se va a pique. ¡Qué mala onda! Otra vez ni modos.

¿Qué podemos hacer? Yo creo que deberíamos fortalecer nuestra voluntad (repetir mil veces en nuestra mente “no voy a caer, no voy a caer, no voy a caer”) alejarnos de las tentaciones, reconocer que el diablo nunca descansa y está presto a meter su cola en nuestras vidas. Identificar los motivos que existen para mal portarnos, estar atentos a las persuasiones e incitaciones y escapar gallarda y elegantemente de ellas.

Creo que eso es lo mejor, si siempre conseguimos portarnos bien tendremos una vida más serena y relajada, sin complicaciones ni sobresaltos, sin remordimientos ni cargos de conciencia, sin regaños ni broncas. Portarse bien es vivir bien, con tranquilidad y placidez, vivir así es lo mejor que nos puede pasar, se los aseguro.

viernes, 14 de agosto de 2009

45. Estoy bien


Desde hace algún tiempo, he descubierto (con satisfacción) que hay mucha gente que se preocupa por mí, a todos ellos les digo: estoy bien, se los aseguro, de otra forma ya se los hubiese dicho y ya les habría pedido ayuda. Para eso son mis amigos.

En cualquier momento de la vida, por el motivo que sea, invariablemente surge la pregunta: ¿Cómo estás? ¿Todo está bien? Y la respuesta surge en el mismo tenor: no pasa nada, no hay problema, todo está bien, yo estoy bien, gracias por preguntar.

No sé porqué consideran, sospechan o se imaginan que algo negativo pasa en mi vida, que algo no está bien conmigo, que necesito hacer cosas urgentes para modificar ciertas condiciones, que requiero tomar medidas drásticas que me ubiquen en otras circunstancias, las cuales ellos suponen sería las más adecuadas para mi particular bienestar.

Yo pienso que se están dejando arrastrar por algún viejo paradigma social, pero reconozco que lo hacen con la mejor de las intenciones, que todo se centra en una genuina preocupación por mí y por lo que consideran sería lo mejor para mí; obviamente que eso me da una idea particular del afecto que sienten hacia mi persona y de la calidad de amistad con la cual me favorecen y complacen.

Yo les aseguro y declaro públicamente que estoy bien, que me siento cómodo, sano y fuerte, que estoy disfrutando de mi tiempo, de mis momentos y de la vida que estoy viviendo. Que no tengo inquietudes, ni preocupaciones, ni desesperanzas, ni angustias, ni desvelos, ni sufrimientos, ni amarguras, ni desánimos, ni rencores, ni desalientos, ni impaciencias, ni ningún sentimiento que se le parezca y que ponga en peligro mi estabilidad emocional, física y mental.

Estoy viviendo las circunstancias que me ha tocado vivir, las cuales he terminado por aceptar y por disfrutar, las estoy viviendo sin prisas ni remordimientos, así como vienen, sin forzar situaciones ni obligar condiciones. Estoy divirtiéndome y nada me preocupa.

Como lo que tengo que comer, duermo cuando tengo que dormir, me despierto cuando quiero y voy a donde me plazca. No hago tonterías ni corro riesgos, no tomo decisiones precipitadas ni juego juegos que no sé jugar. Canto las canciones que sé cantar, aprendo letras nuevas y olvido otras tonadas. En ocasiones camino rápidamente por caminos conocidos y me voy con cuidado cuando no conozco la senda.

A veces me da por soñar cuando estoy despierto y después olvido esos sueños. Me gusta escuchar al viento y escribir mis historias. Disfruto correr y nadar, platicar y tomar café. Me duelen mis rodillas pero no me importa. Vivo solo pero no estoy solo. Estoy bien, me siento bien, motivado, alegre y muy tranquilo. ¿Qué más? No, nada más.

martes, 28 de julio de 2009

42. Tiempos veloces

Tengo la impresión de que el tiempo transcurre con mayor rapidez que hace 35 años, es una sensación clara y palpable de que los meses y los años son más cortos, de tal manera que en un abrir y cerrar de ojos ya pasó el tiempo. Eso me preocupa.

Como una prueba fehaciente e irrefutable de lo antes expuesto, es el hecho de que ya casi pasaron 7 meses de este año y ya casi alcanzamos la primera década del siglo 21 ¿No les parece increíble? A mí me parece sorprendente.


Debo confesar que ya había notado esa situación, de hecho caí en cuenta de ello desde hace como 30 años, pero no había comentado nada porque pensé que se trataba de una apreciación errónea. Pero he estado haciendo una encuesta entre algunos conocidos y la mayoría de ellos coincide en que verdaderamente el tiempo pasa más rápido, como si tuviera prisa por llegar a alguna parte que no conocemos.

Yo recuerdo que cuando estudiaba en la primaria los años eran muy largos, larguísimos diría yo. Desde que entraba a clases el 2 de septiembre hasta las vacaciones de diciembre pasaba mucho tiempo. Me fastidiaba aguardando que llegue esa época y no llegaba, el tiempo de clases se hacía eterno, las semanas se arrastraban, los meses no avanzaban, todo era muy desesperante. Lo mismo pasaba de enero al receso de semana santa y de ahí a las vacaciones de verano.

No quiero que se piense que en realidad no me gustaba ir a clases. Nada de eso, si me gustaba ir a la escuela (no una cosa que se diga que bruto cómo me gustaba ir, pero si me agradaba) es más, los meses vacacionales de julio y agosto eran muy padres al principio, pero eran tan largos que a mediados de agosto ya estaba fastidiado de no hacer nada, ya quería ir de nuevo a la escuela, conocer a la maestra y saber quiénes irían a clases conmigo durante el siguiente año.

La cosa se fue acelerando entre la mitad de la secundaria y principios de la preparatoria, entonces el tiempo empezó a transcurrir de manera vertiginosa; apenas te estabas adaptando a las clases y ya estaban ahí los exámenes del primer bimestre, un poco más de tiempo y llegaba el segundo y tercer bimestre, los finales, extraordinarios y apúrate que ya va a empezar un nuevo semestre. Todo era tan rápido y tan cansado.

Pero además agréguenle a todo eso el hecho de que había que ir a la escuela por las tardes y trabajar por las mañanas, en las noches tener que ir a ver a la novia, los sábados atender las responsabilidades en los grupos de la iglesia donde estaba metido, realmente no tenía uno tiempo para nada. Cuando querías reaccionar ya había empezado un nuevo año, en menos que canta un gallo estabas en abril, agosto, octubre y cuando menos lo esperabas ya estabas nuevamente poniendo el arbolito de navidad.

A esto hay que agregarle el hecho innegable del paso del tiempo sobre tus hombros, de tal manera que cuando menos lo esperas ya te estás casando, de pronto llega un hijo, otro y otro más. Ya para entonces tienes alrededor de 30 años, entre que un hijo entra a la primaria y el otro al kínder, fiestas de cumpleaños y navidades, te acercas a los cuarenta y ni cuenta te diste de cuándo se te empezó a caer el pelo y cuándo te empezaron a decir señor.

Yo no sé qué sucede, como que alguien ahí arriba decidió girar más de prisa al mundo, acelerar las cosas, apurar las situaciones. No importa, es cosa de él, yo por mi parte me adapto a la velocidad (aunque a veces siento vértigo) y me acostumbro a la celeridad, por ratos descanso y por momentos corro para ir al mismo ritmo de estos tiempos raudos y veloces que nos han tocado vivir. Adáptate tu también.

lunes, 27 de julio de 2009

41. México 5 – 0

Por fin la selección mexicana de fútbol pudo ganarle a la selección de Estados Unidos en Estados Unidos. Ya tenía 10 años sin ganarles en su casa y se le ganó y de forma contundente, definitiva, categórica, impactante y humillante.

Ya hacía falta un triunfo así, aunque debo reconocer que solo fue un partido, no significa una mejoría importante o algo así, pero tampoco quiero regatearles el éxito y la gloria, ni desmerecer o desprestigiar esa importante victoria conseguida con mucho esfuerzo. México ganó y eso es lo importante.

Los comentaristas de la televisión y la prensa dicen muchas cosas: que no era la verdadera selección de Estados Unidos sino una de suplentes, que es una copa que se juega en una región donde se juega el peor fútbol del mundo, que es un torneo que no da nada más la copa (no te da derecho a participar en la copa Confederaciones) y muchas cosas más. No importa, que digan lo que quieran.

Pero los comentarios que más me impactaron vinieron de donde menos lo esperaba, esas acotaciones no solo me dejaron sorprendido, anonadado y patidifuso, sino que me hicieron reflexionar y creer que la realidad que vivimos no es una verdadera realidad, es solo una representación falsa y mal actuada. Es una pantomima creada por un grupo de personajes que controlan el mundo como verdaderos titiriteros y donde todos nos movemos a su ritmo y voluntad.

Unos parientes, que por cierto siempre se han caracterizado por ser verdaderos analistas políticos y que destacan por leer muy claramente los tiempos y signos que determinan los cambios profundos en las estructuras económicas, políticas y sociales del mundo, aseguran que el resultado del fútbol forma parte de un conjunto de negociaciones que se dan en las más altas esferas del poder, estos acuerdos involucran a las principales autoridades de la Casa Blanca y Los Pinos.

De ser cierto lo que se asegura, el triunfo de México en la copa Oro se da a cambio de que las autoridades mexicanas permitan un rebrote de la influenza en nuestro país, lo que obligaría a la compra de medicamentos a laboratorios norteamericanos, esas operaciones representarían un respiro ante la crisis que azota a esas empresas farmacéuticas.

Esa acusación es muy grave, sin embargo dichos analistas afirman que debemos esperar solo unas semanas para que se dé el anuncio de una nueva contingencia epidemiológica y las consecuentes acciones de compra de medicamentos, lo que a su vez agravaría la crisis económica que vive el país. Eso es muy preocupante.

Por mi parte me voy a dedicar a celebrar el triunfo de México y por si las dudas, voy a comprar más gel antibacterial y una buena dotación de cubrebocas. Les recomiendo que hagan lo mismo, más vale prevenir.

miércoles, 22 de julio de 2009

40. Estoy molesto

Hoy ha sido un día complicado, medio raro, de esos que están para pasar la hoja, cerrar la libreta y a otra cosa, de plano para olvidar. Y es que me lo he pasado molesto casi desde que empezó. No tengo claros los motivos, solo puedo decir que por tanto coraje ya hasta se me revolvieron las ideas y me han dado severos retortijones intestinales.

No entiendo porqué algunas personas son tan complicadas, como que tienen una particular inclinación para hacer difíciles las cosas que son especialmente fáciles. Si algo es sencillo y viable surge la desconfianza, algo debe andar mal, entonces embrollan el asunto de tal forma que confundan a todos y la resolución del problema implique el desgaste físico y mental de media humanidad; solo así parecen estar contentos.

Creo que eso es parte de la naturaleza humana, sentir que es ineludible complicar las cosas y enredar a la gente; decir palabras cargadas de ironía, con doble o triple significado. Decir no, esperando que la gente entienda sí y viceversa. Buscarles otros sentidos a las expresiones, malinterpretar gestos, miradas y situaciones.

¿Por qué debemos ser así? Sucede que si eres sencillo y claro, te acusan de simple e insípido. Eso de plano no me gusta. Es más, me molesta mucho, me constriñe el pensamiento y los recuerdos, me revuelve los jugos gástricos, me agria la comida y hasta me da diarrea de pollo.

Parece que la gente se empeña en pensar y creer que para ir de un punto A hacia un punto C, es obligatorio y forzoso desplazarse en sentido contrario al flujo normal del abecedario, si alguien toma el camino corto es mal visto y tachado de práctico. Eso me parece una actitud de locos. De verdad que no está bien, analícenlo un poco y se darán cuenta que eso está mal.

Yo pienso que todo puede ser sencillo y fácil, que no debemos buscar dobleces y malas intenciones a todo, que es posible confiar en la buena voluntad de las personas. Que no desconfiemos solo por desconfiar, como si hiciéramos de la duda, el recelo y la sospecha una forma de vida; esa actitud nos conduce a estar todo el tiempo a la defensiva y eso a la larga cansa y fastidia a todos.

En serio, yo creo que existe gente que tiende naturalmente a ayudar a los demás sin mayor afán que apoyarlas y punto. Esas personas a veces se equivocan porque son seres humanos no porque sean unos intrigantes o porque estén planeando una forma de destruirnos y aplastarnos física, moral y socialmente.

Yo creo que mejor voy a terminar esta entrada porque lejos de servirme de catarsis y alejarme de los disgustos, cóleras, enojos, alteraciones emocionales, fluctuaciones arteriales e idas y venidas al baño, me está molestando más. Mejor voy a comprar lomotil.

martes, 21 de julio de 2009

39. Un viejo amigo

Me reconoció a la distancia y me saludó como se saluda a un viejo y entrañable amigo. Así fue, así lo sentí. Para mí, él es un personaje que ha formado parte esencial en la historia de mi vida, siempre ha estado en ella y yo nunca he estado muy lejos de él. Me refiero al malecón de mi ciudad, al malecón de San Francisco de Campeche.

Cuando me vio pareció sonreír, su brisa acarició mi cara, me envolvió. Reconocí los sentimientos que nacen de la cercanía al amigo. Aspiré el aroma del mar y como tantas veces, mi mirada se perdió en el horizonte lejano y mi mente se subió a la barca de la imaginación y navegó hasta aquellos años dichosos de una niñez vivida a orillas de la playa.

El mar no estaba tan tranquilo como es lo común en las playas campechanas, pero tampoco estaba muy airado, tenía un vaivén casi musical, casi rítmico, como aquellos boleros de antes; su melodía hacía que las olas rompieran suavemente sobre las piedras y que los cayucos bailaran en armonía.

En un instante, una gaviota voló cercana a mí, suspendida en el aire parecía disfrutar del paisaje tanto como yo. Un poco más allá, un grupo de pelicanos volaba en formación, sus alas casi acariciaban la superficie del mar, se alejaron plácidos al sentir la proximidad de la noche.

A lo lejos el sol declinaba decorando las nubes con alegres colores, imposible dejar de recordar aquellas canciones campechanas que alaban los atardeceres de mi tierra, que enaltecen el amor del mar por esta ciudad convertida en novia, en su enamorada y eterna novia.

Caminar el malecón de Campeche es más que un episodio de ejercitación física, es reencontrarse con la esencia de un pueblo que sueña, que ha vivido del mar, que se adormece arrullado en sus olas y se perfuma de brisa y de sol.

Caminar el malecón significa llenar el espíritu de mar, de belleza y de sabor a sal. Es fundir el alma con el alma del Campeche eterno, el que siempre está, el que nunca pasa, el que se mete en el corazón para no salir jamás. El Campeche que vive y late en nosotros, aunque nosotros vivamos lejos de él.

lunes, 22 de junio de 2009

29. No tardes mucho en llegar

Empecé a trazar mis letras sobre el teclado gris, sin embargo, aún no estoy seguro de lo que voy a escribir. No importa mucho, lo importante es escribir, lo importante es que tal vez tú lo vas a leer, eso me alienta.

Hoy es una noche especialmente plácida, afuera llueve. No es una lluvia fuerte, es ligerita, de aquellas lluvias que te dejan disfrutar de una caminata rápida y no mojarte mucho, de las que te regalan el placer eterno de saltar los charcos y reírte un poco de ti mismo. Estas lluvias me gustan mucho, son de esas muy románticas que te recuerdan tiempos añejos.

Y aquí, dentro de la casa, la cadencia del bossa nova se escurre suavemente, se posa en las paredes, brinca entre los libros y termina por acomodarse en cualquier sillón. Ahí se queda quieta un momento, sonríe y se hace la dormida en medio de sus acordes. Se parece mucho a ti, tiene tus manías y tus encantos, tus mismas formas y tu manera distraída de andar por la sala.

Casi sin proponérmelo y sin siquiera darme cuenta, he detenido la escritura y me he quedado pensado en ti. Trato de recordar cómo suena tu voz, cuáles son tus palabras favoritas y ese tonito que tienes al hablar. A veces hablas de tal manera que parece que quisieras decir algo más, pero finalmente te quedas callada y tu mirada se aleja, se ausenta.

Hay noches como esta en que imagino escenarios nuevos, situaciones distintas, caminos comunes, sueños compartidos. Hay noches como esta en que es tan fácil perderme entre tantas cosas de que está llena mi mente y reencontrarme pensando en ti. Hay noches como esta en que te siento tan próxima que parece posible tocarte. Hay noches como esta en que no es difícil extrañarte.

Hay esta noche, hay esta lluvia, hay esta música... ¿Por qué no estás tú? Le haces falta a mi noche de lluvia y bossa nova. No tardes mucho en llegar.

martes, 16 de junio de 2009

27. Solo da gracias

“Hoy no pidas nada, sólo da gracias”. El mensaje cayó en mi mente y después se alojó en alguna parte de mi espíritu. Así, tan sencillo, tan profundo. Cuánta verdad y sabiduría envuelta en unas pocas palabras. Desde entonces, algo cambió, todo cambió.


Después de mucho tiempo de no asistir a eventos de esa naturaleza, me decidí a participar en un círculo de estudio bíblico. El grupo estaba conformado por cinco señoras, un hombre que conducía la sesión y este escribidor. La reunión se dio en el hogar de una de esas damas.


En un principio no me sentía muy cómodo (eran muchos años sin estar en uno de esos eventos) por otra parte, la mecánica de la reunión no iba acorde a los procedimientos que yo recordaba. Sin embargo deduje que después de tantos años, era lógico que el método de estudio bíblico hubiera cambiado. Por lo que traté de adaptarme rápidamente.


Era muy notorio el conocimiento profundo de las sagradas escrituras que tenía el caballero que coordinaba la reunión, demostraba una enorme pasión por difundir las enseñanzas emanadas de la biblia; tanta emoción que por ratos se olvidaba que los demás podríamos tener dudas u opiniones respecto a los temas. Pero esto último, que en un principio me molestó, terminó por no importarme.


Ya casi para finalizar la sesión de estudio, el coordinador repartió unas tarjetas con mensajes impresos. No recuerdo lo que decían las tarjetas de los demás. En la mía se leía: “Hoy no pidas nada, sólo da gracias”.


Las reflexiones se vinieron en un torrente, fueron muchas las ideas que se agolparon, muchas las enseñanzas asimiladas en un momento, finalmente el reconocimiento de certeza exacta y puntual del mensaje.


Para qué pedir si Dios conoce mis necesidades, mis esperanzas, mis sueños y deseos. Él sabe de las cosas que me hacen falta para estar bien, no necesito recordárselo diariamente, no requiero insistir. Él decide cuándo es el momento preciso para proveerme y cuándo ese instante llegue, me dará lo que necesito, no lo que yo pida.


Por eso, solo necesito cultivar un espíritu en continuo agradecimiento, reconocer que tengo conmigo a las personas que necesito para ser feliz, que poseo más cosas de las que requiero para estar bien. Y si algo me faltara, es porque aún no están dadas las condiciones para que me sean concedidas.


Dios es justo, Él da lo que necesitamos, no más, no menos. Por eso, “Hoy no pidas nada, sólo da gracias”.

jueves, 11 de junio de 2009

23. Un viernes en jueves

Hoy desperté pensando que era viernes. Mi cuerpo reconocía el viernes, reaccionaba como reacciona los días viernes. La televisión y su incesante parloteo de malas noticias me dio una más. Hoy no es viernes, es apenas jueves.

Mi mente trato de adaptarse rápidamente a esa nueva circunstancia, trató de hacer los ajustes necesarios para cambiar al programa de los jueves. Nada, no pasó nada. Mi cuerpo seguía igual, actuando como actúa los viernes.

¿Por qué mi cuerpo se estaba conduciendo de esa manera? ¿Por qué no lograba hacer los ajustes necesarios? ¿Acaso tendría que resignarme a tener un cuerpo de viernes los jueves? ¿Esta situación sería permanente? ¿Tendría que acostumbrarme a vivir con un cuerpo un día adelantado al tiempo presente? Eso podría ser muy grave.

Podría sentirme enfermo un día antes de enfermarme, eso no es bueno. Tal vez sentiría dolor antes de que me accidente. Y, que tal que mi cuerpo se muere un día y mi mente lo haga hasta 24 horas después, eso sería algo muy loco. Más que loco, sería algo muy malo y muy feo. No me gustaría que eso sucediera.

Y es que los viernes mi cuerpo se comporta en forma diferente al resto de los días de la semana, pero particularmente, a los jueves. Los jueves todavía estoy muy activo, puedo trabajar hasta la medianoche sin protestar y sin mayores problemas, los jueves aún me quedan fuerzas para concentrarme y hacer un trabajo detallado y minucioso (ojala que este párrafo no sea leído en mi trabajo).

Pero los viernes, mi cuerpo descansa, se relaja, disminuye su ritmo, se desacelera. Entra en un proceso parecido a la hibernación pero sin dormir, es como si pusiese el automático y funcionara de esa manera. Por supuesto que no está apto para ningún esfuerzo, por mínimo que parezca, ni físico, ni mental, ni emocional. Por suerte esta condición dura hasta cerca de las cuatro de la tarde, hora en que se produce un cambio de programa, pero ese es otro cantar.

¿Qué podré hacer para que mi cuerpo vuelva a armonizar con los días de la semana? Tal vez si me tomara un café logre la adaptación. Si la ignorara e hiciera como si no pasara nada. Quizá podría convencer a todos de que en realidad hoy es viernes y no jueves, entonces todo se arreglaría. Podría intentarlo, no pierdo nada. A lo mejor en un principio la gente no me haría caso, pero al considerar los beneficios de que hoy sea viernes terminarían por aceptarlo.

Pensándolo mejor, tal vez hoy si es viernes y todos estamos siendo engañados. El gobierno nos ha hecho creer desde hace años que hoy es jueves cuando en realidad es viernes. Esto es algo monstruoso, las fuerzas obscuras que controlan al mundo se han confabulado para engañar a la humanidad

¿Desde cuándo hemos vivido en medio de esta perversidad? Habría que desenmascararlos y condenarlos a realizar los más indignos trabajos que cualquier ser humano podría soportar. O tal vez, refundirlos en una cárcel zacatecana para que se eduquen y aprendan que hay asuntos en las que no conviene involucrase.

Pero hacerlo implicaría la realización de un esfuerzo poco digno de ejecutarse los viernes… mejor voy a esperar al martes, porque el fin de semana es sagrado y los lunes no circulo… tal vez deje las cosas como están y me acostumbre a tener dos viernes en la semana… mejor me voy a tomar un café… tal vez con eso sea suficiente.