martes, 16 de junio de 2009

27. Solo da gracias

“Hoy no pidas nada, sólo da gracias”. El mensaje cayó en mi mente y después se alojó en alguna parte de mi espíritu. Así, tan sencillo, tan profundo. Cuánta verdad y sabiduría envuelta en unas pocas palabras. Desde entonces, algo cambió, todo cambió.


Después de mucho tiempo de no asistir a eventos de esa naturaleza, me decidí a participar en un círculo de estudio bíblico. El grupo estaba conformado por cinco señoras, un hombre que conducía la sesión y este escribidor. La reunión se dio en el hogar de una de esas damas.


En un principio no me sentía muy cómodo (eran muchos años sin estar en uno de esos eventos) por otra parte, la mecánica de la reunión no iba acorde a los procedimientos que yo recordaba. Sin embargo deduje que después de tantos años, era lógico que el método de estudio bíblico hubiera cambiado. Por lo que traté de adaptarme rápidamente.


Era muy notorio el conocimiento profundo de las sagradas escrituras que tenía el caballero que coordinaba la reunión, demostraba una enorme pasión por difundir las enseñanzas emanadas de la biblia; tanta emoción que por ratos se olvidaba que los demás podríamos tener dudas u opiniones respecto a los temas. Pero esto último, que en un principio me molestó, terminó por no importarme.


Ya casi para finalizar la sesión de estudio, el coordinador repartió unas tarjetas con mensajes impresos. No recuerdo lo que decían las tarjetas de los demás. En la mía se leía: “Hoy no pidas nada, sólo da gracias”.


Las reflexiones se vinieron en un torrente, fueron muchas las ideas que se agolparon, muchas las enseñanzas asimiladas en un momento, finalmente el reconocimiento de certeza exacta y puntual del mensaje.


Para qué pedir si Dios conoce mis necesidades, mis esperanzas, mis sueños y deseos. Él sabe de las cosas que me hacen falta para estar bien, no necesito recordárselo diariamente, no requiero insistir. Él decide cuándo es el momento preciso para proveerme y cuándo ese instante llegue, me dará lo que necesito, no lo que yo pida.


Por eso, solo necesito cultivar un espíritu en continuo agradecimiento, reconocer que tengo conmigo a las personas que necesito para ser feliz, que poseo más cosas de las que requiero para estar bien. Y si algo me faltara, es porque aún no están dadas las condiciones para que me sean concedidas.


Dios es justo, Él da lo que necesitamos, no más, no menos. Por eso, “Hoy no pidas nada, sólo da gracias”.

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