miércoles, 11 de junio de 2014

156. La Gota (Un cuento sin Erres)

No, no mentían, nadie mentía… ahí estaba la gota: nítida, impávida, inmaculada…tan blancacomo la nieve misma, tan límpida como la luna majestuosa. No, no sé como fue que llegó hasta ahí, no obstante, se mantenía palpitante e inquieta en ese punto específico del monumental y níveo salón.

Desde ese espacio, la gota meditó, calculó sus metas, sopesó sus posibilidades y finalmente se decidió; Y ahí va la blanca gota: escalando cuidadosamente y luchando con tenacidad, batallando cuidadosamente desde el suelo mismo hasta la zona más alta del caballete; desde ahí, cayó desvanecida a mitad del lienzo, justo al lado del sol que iluminaba el paisaje otoñal. En ese espacio, la gota dibujó en su faz una mueca de satisfacción y gusto, se deleitó con su hazaña y, finalmente, se quedó inmóvil.

Unos momentos después, el hábil paisajista le dio una ojeada a aquella plasmada escena, examinó y caviló una, dos y hasta cinco veces. No, se dijo a sí mismo, eso no estaba bien, definitivamente esa gota estaba mal ¿Cómo llegó hasta ahí? ¿Acaso salpicó desde el pincel? ¿Saltó desde la nada, lo diáfano o lo mágico? ¿Es tal vez alguna señal bendita de algún olvidado Dios, o la venganza desalmada de un manifiesto demonio?

No supo, nadie sabía. Intentó un disimulo en el tono, la matizó de azul, ensayó todo, nada tuvo un efecto positivo. No, no quedó bien. Todo afán había caducado, se sintió cansado, abatido, desconsolado, su faena de tanto tiempo y dedicación estaba asolada, devastada completamente. No quedaban más caminos ¡De un solo ademán el lienzo, el paisaje y la gota al suelo!

No, no mentían, nadie mentía… ahí estaba la gota: nítida, impávida, inmaculada…tan azul como el cielo mismo, tan nítida como el océano inmenso. Con suma voluntad batalló hasta el blanco mosaico que vestía el piso y se plantó en él. En ese espacio, la gota dibujó en su faz una mueca de satisfacción, se deleitó con su hazaña y finalmente se quedó inmóvil. 

Unos momentos después, la joven doncella encomendada a la limpieza le dio una ojeada a aquella desigual escena y se dijo a sí misma: no, definitivamente, esa gota estaba mal…   


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